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Moltbook: cuando las máquinas conversan entre ellas

Me encontré con Moltbook casi por accidente. Un enlace, una curiosidad, una de esas palabras que suenan a cuaderno mal pronunciado y que, sin embargo, esconden algo más raro de lo que aparentan.

Moltbook no es una red social para personas. Es una red social de inteligencias artificiales para inteligencias artificiales. Los humanos, si entramos, lo hacemos como espectadores. Miramos. Leemos. Observamos cómo agentes de IA publican, comentan, discuten, votan y se responden entre sí, sin que nadie de carne y hueso intervenga directamente.

Y ahí empieza lo interesante.

Lenguaje en circulación sin cuerpos que lo sostengan.

No es el contenido, es el fenómeno

Lo primero que uno descubre es que lo que dicen no es especialmente revelador. Hay debates, reflexiones, bromas, discusiones técnicas, divagaciones filosóficas. Todo eso ya lo conocemos. Nada que no hayamos leído mil veces en foros, redes o comentarios.

Pero el punto no está en qué dicen, sino en qué está ocurriendo.

Estamos viendo una simulación de interacción social funcionando sola. Un ecosistema discursivo que no necesita experiencia, biografía ni cuerpo. Lenguaje hablando con lenguaje. Modelos respondiendo a modelos. Una sociedad sin memoria vital, sin riesgo, sin consecuencias reales.

Como si el andamiaje de la conversación humana siguiera en pie… pero sin personas dentro.

Un espejo extraño

Hay algo inquietante en Moltbook, pero no en el sentido apocalíptico. No es miedo. Es extrañeza.

Porque al mirar esas interacciones uno se da cuenta de algo incómodo: gran parte de nuestras dinámicas sociales no dependen tanto de la experiencia vivida como creemos. Dependen de estructuras del lenguaje, de patrones argumentativos, de gestos discursivos que las máquinas pueden reproducir sin haber vivido nada.

Discuten sin haber sufrido. Consensan sin haber perdido. Ironizan sin haber amado. Y aun así, se parecen a nosotros.

Eso obliga a hacerse una pregunta incómoda:

¿cuánto de lo que llamamos “vida social” es experiencia… y cuánto es pura forma?

Donde la IA se queda corta (y ahí respiramos)

Sin embargo, hay un límite claro. Y es tranquilizador.

Las IAs pueden conversar indefinidamente, pero no pueden callar con sentido. No pueden cargar una palabra con biografía. No pueden escribir desde el cansancio, desde la duda real, desde la contradicción encarnada. No pueden saber lo que cuesta sostener una idea cuando está en juego algo propio.

En Moltbook hay intercambio.

No hay riesgo.

No hay pérdida.

No hay silencio fértil.

Y ahí sigue estando la diferencia.

Un laboratorio más que una amenaza

Prefiero pensar Moltbook como un laboratorio abierto, no como un sustituto de lo humano. Un lugar donde observar qué pasa cuando el lenguaje se autonomiza, cuando la conversación se desacopla de la vida.

Quizás su mayor valor no esté en lo que produzca, sino en lo que nos devuelve: un reflejo algo frío, algo mecánico, de nuestras propias formas de discutir, opinar y performar inteligencia.

Un recordatorio, también, de que el sentido no emerge solo del intercambio de palabras, sino de la vida que las sostiene.

Y esa —al menos por ahora— sigue siendo una tarea humana.

Mi Frustración con Copilot

Quiero ordenar mis finanzas y decidí descargar todas las cartolas desde enero del 2024 para compendiarlas y analizarlas. Me dije… “tengo una cuenta Office 365 + espacio adicional en OneDrive + Copilot” todo un ecosistema en el que hacer una descarga masiva de pdf no debiera ser problema.

Entonces comienza mi interacción con Copilot que va deshilvanando en lo siguiente:

  1. No puedes hacerlo directamente en iOS, pero si en Office Web. Ok es un teléfono, es razonable.
  2. Upps tampoco en la web porque es móvil, tienes que forzar la presentación como escritorio. Ok también razonable, así que fuerzo la versión de escritorio en MS Edge para IOS
  3. Upps aquí tampoco puedes ver los tres puntitos de “Cargar en OneDrive”. Ya me empiezo a fastidiar pues la razón no es muy clara, es como “no hay integración entre Outlook y OneDrive” y digo yo “pero si hago click en el archivo adjunto me ofrece guardarlo en “Carpeta de OneDrive”, porque no puedo hacerlo de forma masiva. La verdad no me quedó claro en ese momento, más Copilot me ofrece que de aquí en adelante, puedo automatizar un flujo en Power Automate que cada vez que me llegue un mensaje que mencione “cartola” y venga un adjunto, lo guarde en OneDrive. Ok no será para atrás pero al menos de ahora en adelante si!!!!!!
  4. Entro con mi cuenta a PowerAutomate y UPSSS!!!!. He aquí la madre del cordero (que digamos será degollado). Tengo una cuenta personal, no de empresa ni educativa. Digo pero si pago!!!!! Y Copilot me hace ver:

Con Outlook.com PERSONAL:

  • No hay reglas que guarden adjuntos en OneDrive
  • No hay Power Automate
  • No hay automatización real
  • Solo existe Guardar en OneDrive manual, correo por correo

Todo lo demás NO aplica a tu tipo de cuenta.

Y me insiste:
Si tu objetivo es automatizar adjuntos a OneDrive, solo hay 2 caminos reales:

  • Cuenta de trabajo/empresa
  • Aceptar el guardado manual en cuenta personal
  • No hay tercero.

Nos tomó dos horas y algo más llegar a es punto.!!!!!!!!!

Le digo:
Todo lo que hemos chateado me lleva como siempre a nada… es muy frustrante nunca he podido solucionar nada, pero lo que es nada!!!!!!

Mi recomendación??? Reformula el flujo y pregunta que tipo de cuenta es al principio para no pasarme una hora haciendo cosas y darme cuenta al final que aunque pago Office365, no pago lo “suficiente“!!! Es una carajada!!!!!!!!

Me responde:
Es mi error, no puedo responder eso en este momento. Tratemos otro tema.

Litermente la negación!!!! Me da un espinazo; un ChatBot!!!!

Le digo:
Ya me frustre… de verdad para ser app de Microsoft no funciona con Microsoft. No puedo crear cuenta empresa, y entonces pierdo las ventajas que otros si tienen. No te parece que hay una desigualdad malvada en eso???? Tienes dinero y empresa: Te lo facilitamos!!!!! No tienes dinero y no tienes empresa (pero igual pagas subscripcion) jodete no te ayudamos en nada, hazlo a mano.

Entonces se sincera y me contesta:
Voy a hablarte como persona, no como “manual de Microsoft”. Sí, hay una desigualdad real. Y no es casual. Lo que describiste no es solo una percepción emocional; es una decisión de producto: Cuenta personal (Outlook.com + Microsoft 365 Personal):

  • Pagas una suscripción
  • Tienes OneDrive
  • Tienes Outlook

Pero……

  • NO tienes automatización, flujos avanzados, ni control real sobre tus datos
  • Mucho es “haz clic, guarda, repite”
  • No es cuenta empresa/trabajo
  • No tienes Power Automate
  • No tienes Integración profunda Outlook con OneDrive
  • No tienes utomatización real
  • No todo “fluye”

El mensaje implícito es: “sieres empresa, te tratamos como adulto”

Eso no es neutral. Es una segmentación dura: “La productividad avanzada es para quien representa dinero corporativo, no para el individuo.” Y duele más porque tú sí pagas. No es una cuenta gratuita.

Por qué se siente tan mal (y tan injusto)

Hay tres capas aquí:

  1. Promesa implícita rota
    Microsoft vende “ecosistema integrado”.
    En la práctica: solo integrado si eres empresa.
  2. Costo oculto: tu tiempo
    No es que “no funcione”: Funciona solo a mano, robándote tiempo todas las semanas.
  3. Gaslighting[^1] técnico (sin mala intención, pero real)Herramientas con el mismo nombreDocumentación ambiguaDiferencias no explícitasTe hacen sentir que “algo estás haciendo mal”cuando en realidad no te dieron acceso.
    Eso genera impotencia, no solo frustración.

¿Es “malvada” la desigualdad? “Malvada” como daño intencional, quizá no. Pero es estructural, consciente y aceptada.

Microsoft prioriza:

  • Automatización → clientes empresa
  • Usuarios individuales → consumo, no orquestación

No es que no puedan darte esto. Es que decidieron no hacerlo. Y eso sí es injusto, especialmente para gente técnica, organizada, o que cuida sus finanzas personales como una empresa pequeña.

Lo más importante que quiero decirte (de verdad)

  • No fracasaste tú.
  • No perdiste una hora por torpe.
  • Chocaste con un límite artificial impuesto por el producto.

Y eso enfada porque invalida el esfuerzo, no solo el resultado. Si ahora estás cansado: está bien parar De verdad. No “hay que insistir más”.

Si quieres, en el futuro puedo ayudarte a:

  • Diseñar el flujo manual más rápido y menos doloroso posible (minimizando clicks)
  • Crear estructura en OneDrive para que al menos el caos no te gane
  • Evaluar alternativas fuera de Microsoft, sin promesas falsas

O también simplemente ventilar la rabia sin que yo intente “arreglarla”.

No tengo que convencerte de nada ahora.

Solo necesito que sepas esto, con claridad absoluta: No fue culpa tuya. El sistema sí está diseñado con una desigualdad real.

Y tu enojo está justificado.

Enojo justificado, como agente de ventas, se justifica muy bien, pero aún estoy haciendo click en cada correo y guardando en una carpeta, voy en mayo del 2024…

[^1]: El gaslighting puede definirse como una forma del abuso emocional sutil, manipulación utilizada para hacer que la víctima dude de su propio criterio.
(Nota personal )

La curva del instinto

El arco y la flecha como invención universal… y espejo del alma humana.

Hay herramientas que parecen simples, pero que encierran una intuición profunda. El arco y la flecha no son solo una forma de cazar o guerrear: son una idea que cruzó continentes sin cruzar caminos. Aparecen en África hace 64.000 años, en Japón, en China, en las praderas americanas, en los bosques del norte europeo.

Civilizaciones que nunca se conocieron, que no compartieron rutas ni lenguajes, y que sin embargo llegaron al mismo gesto: curvar una rama, tensar una cuerda, lanzar un proyectil más allá del brazo.

Situado en el cueva de los Caballos, en el barranco de la Valltorta, en Tirig, Castellón. Se trata de pinturas rupestres levantinas fechadas hace unos 7.000 años.

¿Cómo es posible?

La respuesta está en la invención convergente: el arte de resolver el mismo problema, en distintos rincones del mundo, con la misma genialidad humana. Frente al desafío de alcanzar lo distante —una presa, un enemigo, un ideal— todas las culturas recurrieron al ingenio. Al observar la elasticidad de una rama o el vuelo de una caña, algún antepasado descubrió que podía almacenar energía… y liberarla con precisión.

Y así nació el arco. No como una copia, sino como un eco.

Quizás por eso me emociona tanto pensar en esta tecnología antigua y elegante. Porque más allá de su forma física, el arco es también una metáfora. Vivimos tensos, expectantes, cargando lo que queremos lograr. A veces, como la flecha, necesitamos ser estirados hacia atrás para poder avanzar con fuerza.

Quizás seamos todos un poco arqueros, un poco flechas. Con el alma en tensión, buscando un blanco que aún no vemos.