Emociones y redes sociales

Hoy en día, dedicamos mucho de nuestro tiempo para estar “online”, hacemos nuestras vidas publicas en Facebook, u otros sitios parecidos (incluidos blogs personales). Esto ha traído una novísima manera de relacionarnos y muchos terapeutas han puesto la voz de alerta dado la manera en que esta cambiando la manera de relacionarnos unos con otros, ciertamente con énfasis clínico en la posibilidad de enmascarar las emociones.

Para mi, que logré terminar sociología y solo empezar psicología, me empieza a dar vueltas la necesidad de dar una mirada psicológica a un fenómeno sociológico, una suerte de psicología de las redes sociales.

Psicoficción

Supongamos por un instante, que hicimos una tertulia con algunos psicólogos y terapeutas para conversar de las redes sociales. En un ejercicio final, aparecen algunas afirmaciones (no en el sentido ontológico por favor). Aunque es ficción, sospecho que nuestro sentido común nos alerta sobre lo próximo que están a nuestra realidad:

  1. Las personas llegan a casa y encienden sus computadoras en vez de tener sexo con su pareja, lo que en el largo tiempo genera deterioro de la relación, pudiendo incluso llegar al rompimiento de esta.
  2. Mediante esta plataforma, las personas se reconectan con sus antiguas emociones y reviven el pasado en el presente, es fácil entonces que los contactos con las “cenizas” del pasado se conviertan en “fuego” presente.
  3. Cuando posteamos, liberamos cierta cantidad de dopamina y otros neuroquimicos que hacen de ese acto, un acto que nos hace sentir excitados
  4. Nuestros perfiles personales pueden ser editados, eliminados, retocados… Es un proceso de transformación constante.
  5. Cuanto mas nos sumergimos en las computadoras y referimos nuestra vida social a ellas, mas vamos perdiendo nuestra habilidad para hacer frente a las dificultades

Tal vez no es la mejor manera de exponer postulados, pero lo hace mas accesible para mi, se que rompo con los preceptos científicos, pero joder, esto es un blog, no una publicación científica, así que acepten mis disculpas.

La tecnología prevalece en cada minuto de nuestra existencia, de una manera casi Orwelliana, de hecho perdi comunicación con mi BB unos dias y parecía un “dead man walking”. Compré un teléfono de prepago con tal de no quedar desconectado!!!!! Incluso hoy me pregunto: Que hubiese pasado si dentro de los acuerdos que hice con mi “marida” antes de casarme, hubiese incluido: no postear en Facebook, ni tweeter, ni usar BBmessenger, ni nada mientras estamos juntos o con los niños?

Las redes sociales se han transformado en una suerte de bitacoras de vida, las personas crean un portal de su vida, los hacen públicos (o semi públicos). Y es que no solo publicamos algunos eventos (matrimonios, el nacimiento de los niños o la llegada de un perro), si no que se ha transformado en una crónica del día a día (donde estás, que haces, que piensas…. en fin).

Sin duda que todo este universo de posibilidades, compromete la calidad de las relaciones en la vida real (ya es preocupante que empecemos a hablar de una vida real y otra que no es). Dándome una vuelta por Waterstone’s (la única librería que va quedando luego los e-books), revise superficialmente algunos libros y revistas de psicología clínica, yendo al índice, en gran parte de ellos ya aparecen términos como “Facebook addiction”, o “social networking addiction”, etc.

Por que me ha llamado tanto la atención este fenómeno? Tal vez por mi propia historia, mis propias debilidades, defectos e ineptitudes.

A cierto nivel, los canales de comunicación electrónicos (por nombrarlos de alguna manera de la teoría de las comunicaciones), desmontan los contextos emocionales en las conversaciones (que diría Olalla acerca de esto, es algo que Berenice puede explorar). De hecho, dada mi propia experiencia, justamente la comunicación por mensajes de texto, bbmessenger, o redes sociales busca evitar la incomodidad y múltiple sentido de una conversación por teléfono o en vivo, y no debo ser el único. Lo delicado de esto es que sin darnos cuenta, dejamos de lado algo tan escencial como la empatía, donde juegan un papel clave la lectura del cuerpo, las frases incompletas, tonos de voz, etc.

Ok, a que va todo esto? De cierta forma, esta forma racional-binaria de comunicarnos nos esta limitando a lo que el medio de comunicación ofrece: letras, números y smileys (cara feliz, cara triste, pulgar arriba, pulgar abajo) hipotecando de paso los matices de las emociones.

Alguna vez escuché: O coração tem razões que a propria razão desconhece.. Pero al parecer, nuestra razón está colonizando nuestro corazón.

Lo público y lo privado

Supongamos que el día que pedí la mano de mi marida, lo posteo en Facebook “pedí la mano de Berenice y me dijo Siii !!!”. En pocos minutos pasa de muro en muro y luego alguien usando el conector de twitter expone el vínculo y este a su vez es retuiteado. A esas alturas se han enterado los contactos de los contactos de los contactos de mis amigos (se enteró hasta Pérez-Reverte que contesta desde el bar de Lola “oye Chuck, quien coño es @dcauas que se va de jodidas nupcias con @berenicevillalba?”). Ahora solo resta contar los “me gusta” y los “no me gusta”.

Sillicon Valley es la tierra de los introvertidos, lleno de geeks tratando de iniciar su propia compañía. Apasionados por la computación y los códigos y con una vida personal mas que ausente. Todo parte de una casta de ingenieros (recibidos o no) para los que social=clicks. Y es que a propósito de la apertura de Facebook a la bolsa, mas clicks, mas riqueza. Yendo mas lejos, estas plataformas que fomentan una manera de compartir cosas de manera digital, han creado un sistema de constante retroalimentación, que nos lleva a chequear a cada minuto si hay mas “me gusta” o si se ha retuiteado, en una actividad que bien puede definirse como ego-plascentera (si alguien conoce una palabra mejor, que la comparta).

Esto me lleva a pensar, que hay dos diferentes tipos de personas que corren peligro en esta adicción. Por un lado los tipos egocentricos que obtienen placer en una positiva presentación de si mismos y una retroalimentación positiva del si mismo. Por otro lado aquellos tipos retraídos que encuentran en las redes sociales una manera de “navegar” mas simple que la que demanda la proximidad y la intimidad de la vida real (otra vez este concepto).

Sea sano o no para nosotros, lo hacemos. El pulgar hacia arriba de Facebook esta presente en toda la internet, recordándonos “Share it” una y otra vez. Los ingenieros que nunca se atrevieron a pedirle a una chica que bailara con ellos, que fueron objeto de bulling por los chicos populares del colegio, hacen que cerca de 1 billón de personas usen sus aplicaciones cada mes, haciendo mas perdurable esta nueva forma de interacción social. Es la venganza de los geeks.

Lo que decimos, o como lo decimos…

Cuando ponemos (o cambiamos) el status de relación en Facebook, es casi mas vinculante que el propio contrato de matrimonio. “En una relación” para alguien recién separado es una prueba exfacto de infidelidad, “Prometido” es una declaración de intención cierta, “Soltero” es una invitación y así. Hacer una relación oficial en Facebook es hacerla “real”, es el nuevo ritual de compromiso.

Así mismo, la publicación continua de fotos, estados, chequeo en lugares, etc, es la prueba continua de que existes aun, y que sigues con alguien. Tal vez el estado de una relación sea uno de los tópicos mas consultados en Facebook. De hecho, antes uno pedía pololeo (Ok estoy a mitad de mi jubilación) ahora mas bien es una conversación (si no una negociación) acerca del cambio de status. Así un ritual otrora privado se vuelve publico.

La resolución de conflictos

Si mi marida decide que tengo que cocinar, basta que haga mención en FB y no habrá quien no lo comente y me lloverán todo tipo de comentarios. Tal vez yo publique que ella no hace las camas. Después ella publicara que no salgo en bicicleta con los niños. Yo dire que ella se da muchas vueltas antes de dormir. Y así sucesivamente.

Mientras mas recurrimos al computador, mas se acrecienta nuestra incapacidad de resolver los conflictos, y lo que para mi es mas grave, pierde calidad nuestra propia auto reflexión.

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