El fin de una etapa y la preparación de una nueva.

Durante más de veinte años, Villalba fue mi casa profesional y, en muchos sentidos, una parte importante de mi vida. Allí crecí, aprendí, tropecé, soñé y compartí con personas extraordinarias el propósito de construir una empresa sólida, innovadora y humana.

Hoy esa etapa llega a su fin.

No es una frase fácil de escribir, ni una situación simple de asumir.

Los ciclos se cierran por distintas razones; a veces por decisión propia, otras porque la vida —o la historia— decide por uno.

Lo importante es hacerlo con respeto, con gratitud y con la conciencia tranquila de haber dado lo mejor posible en cada momento.

Me voy con la serenidad de saber que contribuí a algo que trasciende los nombres y los cargos: una forma de hacer empresa con propósito, con compromiso, con personas que creyeron en algo común.

También me voy con el orgullo de haber compartido el camino con tantos que pusieron su talento, su energía y su corazón al servicio de ese proyecto.

Lo que viene no está escrito, será una búsqueda.

Por ahora, me tomo el tiempo necesario para reencontrarme con lo que me mueve de verdad: las ideas, la reflexión, las personas, la creación.

Villalba seguirá su camino, como debe ser, y yo emprendo el mío, agradecido y en paz.

A quienes fueron parte de esta historia —desde la cercanía o desde la distancia—, gracias.
Gracias por la confianza, por las conversaciones, por las diferencias que enseñan y por la humanidad compartida.

Los cambios pueden doler, pero también abren espacios nuevos.
Y en ese espacio nuevo, quiero volver a escribir.
Volver a mirar, pensar, escuchar.
Volver a estar presente, desde otro lugar.

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