Ley del desierto

En las caravanas que cruzan aṣ-Ṣaḥrāʾ al-Kubrā, hay una ley de sobrevivencia que todos conocen y transmiten al viajero:

“Si vas a fallarme, asegúrate de que no me vayas a necesitar nunca más.”

No está escrita en ningún pergamino ni pronunciada por los guías al partir. Se aprende mirando a los ojos del que camina a tu lado, sabiendo que en el desierto —como en la vida— no se sobrevive solo.

Esa ley podría haber nacido también entre los yakuza, los assasins o los templarios. En todos los mundos donde el honor, la palabra o la lealtad sostienen la existencia, el error no se mide por el fallo, sino por el abandono.

Porque la traición no solo rompe la confianza, sino el destino compartido.

Quizás por eso el desierto y el silencio se parecen tanto: ambos revelan quién eres cuando ya no queda nadie más a quien recurrir.

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